FRONTERAS ABIERTAS · ArteBa.

Fronteras Abiertas llega a ArteBa.

Fronteras Abiertas llega por primera vez a ARTEBA, en La Rural, Buenos Aires, para presentar la muestra colectiva “Lo que no pide permiso”, con obras de Jimena Vera Psaró, Emilia Carrión y Andrea Bustamante.

En el marco de una de las principales ferias de arte de Latinoamérica, que este año celebra su 35.ª edición, las obras de estas tres artistas riojanas se incorporan a un recorrido que reúne galerías, artistas, coleccionistas, curadores, instituciones y públicos vinculados al arte moderno y contemporáneo.

La feria, organizada por Fundación arteba, se desarrollará del viernes 30 de octubre al domingo 1 de noviembre, con pre inauguraciones el miércoles 28 y jueves 29, en el Pabellón Amarillo de La Rural.
Esta participación representa un nuevo paso para la provincia de La Rioja y para Fronteras Abiertas, que continúa buscando ampliar las fronteras de la producción artística riojana, generar nuevos espacios de encuentro y poner en diálogo nuestras voces y territorios con distintos públicos y escenas culturales.
La presentación es una iniciativa de Fronteras Abiertas, impulsada por la diputada nacional Gabriela Pedrali, junto a la secretaría de Culturas de la Provincia y cuenta con el apoyo del Gobierno de La Rioja y el Consejo Federal de Inversiones (CFI). 

Muestra colectiva “Lo que no pide permiso”.

Algo aparece sin pedir permiso. Insiste. Se queda.
Altares, la materialidad de la fe, de Jimena Vera Psaró; A donde anidan mis placeres, de Emilia Carrión; y Atávicas, de Andrea Bustamante, se encuentran en un territorio común, donde lo íntimo deja de resguardarse y comienza a tomar forma, voz y potencia.
La ruta, el cuerpo y la memoria atraviesan estas tres prácticas como espacios de aparición. Los altares alojan la fe, la pérdida y aquello que persiste. El cuerpo se vuelve territorio donde lo íntimo encuentra una forma de decirse y abrirse a lo colectivo. En Atávicas, los símbolos y saberes de las cosmogonías originarias regresan al presente para resignificarse como memoria viva y resistencia.
Tres miradas que trabajan con aquello que irrumpe, permanece y busca ser alojado. Materiales, gestos, fragmentos de vida y símbolos que vuelven a hacerse presentes.
Quizás se trate de eso; de hacer visible lo que comienza a decirse y abrir un espacio para aquello que durante mucho tiempo no tuvo nombre.
Lo que no pide permiso, irrumpe y se queda.

Conocé a las artistas y sus obras.

JIMENA VERA PSARÓ 

Jimena Vera Psaró, es artista visual, periodista y escritora. Su práctica se despliega en el cruce entre imagen, palabra y materia, explorando lenguajes como la fotografía, la instalación, la cerámica y la experimentación con papel y materiales diversos.

Ha desarrollado exposiciones individuales y colectivas en la región y su trabajo ha sido reconocido en distintas convocatorias y salones de artes visuales, entre ellos el Salón Regional de Artes Visuales del NOA y el Salón Provincial de Artes Visuales de La Rioja, donde obtuvo el primer premio. Su producción indaga en las relaciones entre paisaje, memoria y territorio. 

Sobre su obra «Altares, la materialidad de la fe»

La artista presenta una instalación compuesta por una infografía y 47 altares que reproducen, a escala, los 47 altares ubicados a lo largo de los 47 kilómetros de la Ruta Nacional N° 75.

La obra surge de un registro sistemático de los altares populares emplazados al borde de la ruta, entendidos como marcas de la memoria, la fe y el duelo en el paisaje. A partir de su georreferenciación, medición y documentación, la instalación reconstruye estos pequeños santuarios como signos de un territorio atravesado por historias íntimas y colectivas. Los altares dialogan con iglesias, cementerios y señales viales, revelando un mapa afectivo donde la ruta se convierte en el soporte de una geografía de las creencias y la memoria.


EMILIA CARRIÓN

Emilia Carrión es artista visual y fotógrafa. Su práctica parte del dibujo y encuentra en la fotografía un lenguaje para explorar identidades, vínculos y escenas de lo cotidiano, desde una mirada sensible sobre lo íntimo y lo colectivo.

Maestra Nacional de Dibujo, ha desarrollado su formación principalmente en espacios de experimentación artística y desde una práctica sostenida. Su producción aborda temáticas vinculadas al género, la diversidad y las manifestaciones sociales, entendiendo la imagen como registro, testimonio y herramienta de reflexión.
Además de su obra personal, realiza registros fotográficos de producciones escénicas y visuales, acompañando procesos creativos desde una perspectiva atenta al cuerpo, el gesto y la escena. Actualmente desarrolla su trabajo entre La Rioja y Córdoba, ampliando sus búsquedas visuales y conceptuales.

Sobre su obra «A donde anidan mis placeres»

Hay territorios del cuerpo que durante mucho tiempo permanecen en silencio. No porque carezcan de intensidad, sino porque la cultura ha preferido no mirarlos de frente. Entre ellos, la experiencia de la menopausia ha sido históricamente desplazada hacia los márgenes de los relatos sociales, médicos y culturales, como si los cuerpos femeninos maduros debieran atravesar ese umbral en una zona de opacidad y reserva. Sin embargo, lo que acontece en ese tránsito excede ampliamente lo biológico. El cuerpo que atraviesa la menopausia pone en tensión una trama de mandatos profundamente arraigados: la obligación de agradar, la productividad constante, la disponibilidad emocional y corporal.

Lejos de representar una pérdida, este proceso puede pensarse como un umbral desde el cual se reorganizan la palabra, el deseo y la autonomía. La menopausia aparece entonces como un territorio de reconfiguración subjetiva, donde aquello que durante años fue contenido encuentra nuevas formas de expresión y de presencia.

En este marco, la obra de Emilia Carrión retoma el bordado como lenguaje y dispositivo conceptual. Tradicionalmente ligado al ámbito doméstico y al trabajo femenino invisibilizado, el bordado se resignifica aquí como gesto crítico y político. La intervención sobre fotografías y la incorporación de materiales alternativos (trapos de cocina, lijas y objetos de desecho) construyen una poética donde desgaste, fricción y persistencia dialogan con la experiencia del cuerpo y con el paso del tiempo. La propuesta expande así el campo de lo visible, tensionando los límites entre lo íntimo y lo público. Al bordar, nombrar y exhibir esta experiencia, la obra abre un espacio de reconocimiento que desactiva el estigma y permite pensar la menopausia no como un cierre, sino como un territorio de resignificación.

ANDREA BUSTAMANTE

Andrea G. Bustamante es artista visual, escultora, docente y curadora. Su práctica encuentra en la escultura un territorio expandido, donde el objeto, la materia y el espacio se entrelazan para explorar las relaciones entre memoria, identidad y comunidad. En sus obras, los materiales hablan desde sus texturas, sus huellas y sus procesos; cada uno guarda una memoria propia y establece un diálogo con historias individuales y colectivas.
Entiende el arte como una experiencia que trasciende el objeto para convertirse en un espacio de encuentro, reflexión y transformación social. Licenciada en Artes Visuales por la Universidad Nacional de las Artes y Profesora Superior de Escultura por la Escuela Superior de Bellas Artes “Ernesto de la Cárcova”, desarrolla su trayectoria entre la producción artística, la docencia, la curaduría y la gestión cultural. Su obra ha participado de exposiciones, ferias, instalaciones, intervenciones urbanas y proyectos colaborativos a nivel provincial y nacional.
Su recorrido incluye también la participación en diversos colectivos artísticos vinculados con la experimentación, el trabajo colaborativo y las prácticas comunitarias. En 2025 obtuvo el Primer Premio Adquisición del Salón Regional de Artes Visuales NOA-La Rioja por Resistencias atávicas, obra que integra la serie Atávicas, que presenta en esta propuesta.

Sobre su obra «Atávicas»

La práctica artística de Andrea Bustamante se construye desde la escultura, donde el objeto, la materia y el espacio se convierten en dispositivos para pensar las relaciones entre memoria, identidad y comunidad.

En Atávicas, Andrea busca resignificar esos iconos del mundo atávico, recuperando las materialidades, sus tecnologías, sus imágenes, los modos de nombrarnos y nuestra cosmogonía ancestral.
La serie recupera el lugar central que ocupaban los animales y las plantas en la cosmovisión de nuestros pueblos originarios, reconociendo en ellos animales tutelares, mediadores entre diferentes mundos. Los símbolos, las imágenes y las técnicas se convierten así en formas de recuperar saberes y experiencias que permanecen activos en el presente.

La elección de los materiales y las imágenes responde a su carga simbólica y se vincula con un proyecto artístico atravesado por el interés en la configuración identitaria. La cerámica aparece como un lenguaje que permite recuperar saberes, gestos y experiencias, estableciendo un diálogo entre lo ancestral y lo contemporáneo. Desde esta perspectiva, los materiales no son solamente soportes de la obra, sino portadores de memoria y formas de construir sentido.

En un mundo marcado por las tecnologías, la globalización, la enajenación con el entorno y la crisis de las estructuras sociales determinadas por la cosmovisión occidental, aparecen las resistencias y las disidencias. En el arte, estos hechos se hacen sustancia y trascienden en el tiempo, imponiéndose en su entramado de símbolos. Símbolos del pasado que dialogan, se resignifican y cobran una nueva vitalidad con el presente.

Desde allí, Atávicas propone volver sobre esos símbolos no para fijarlos en un pasado distante, sino para reconocer su capacidad de permanecer, transformarse y producir nuevos sentidos. La serie recupera una cosmogonía ancestral como territorio de memoria y, al mismo tiempo, como una forma de resistencia frente a la pérdida de vínculo con el entorno. En ese diálogo entre pasado y presente, la obra de Andrea interroga las formas en que construimos nuestra identidad y nuestros modos de nombrarnos.

EXPLORÁ OTROS AÑOS